Page 667 - Hijos del dios binario - David B Gil
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por líneas de luz en la calzada, del que solo
emergieron para cruzar uno de tantos puentes que,
estrechos como probetas de plástico, unían las islas
flotantes. Alicia descubrió que aquellos barrios
apenas disponían de calles al uso, eran una suerte
de colmenas agujereadas por túneles y galerías
peatonales sin apenas salida al exterior. En un
aprovechamiento máximo del espacio, tan solo los
edificios más periféricos y algunas plazas y paseos
se encontraban a cielo abierto, suspendidos sobre el
mar como una pasarela aferrada a la pared de un
acantilado.
Finalmente, el vehículo abandonó los
corredores y se detuvo junto a un bloque de
apartamentos ubicado frente a un parque árido y
melancólico. El taxista indicó una escalera que
parecía hundirse en el sótano del edificio y repitió
el nombre de Bao Yuen.
—¿Allí, en aquellos apartamentos? ¿Bao Yuen?
El taxista asintió y le tendió el lector de huellas,
pero Alicia le indicó que pagaría con la tarjeta‐
monedero que Daniel había cargado para ella.
Cuando se disponía a bajar, aquel hombre la sujetó
por el brazo y le dijo algo que sonó como un
consejo, quizás la advertencia que un abuelo podría
dar a su nieta. Ella asintió, intuyendo el sentido de
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