Page 76 - Hijos del dios binario - David B Gil
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profundidad, y de una pared a otra hay cinco
kilómetros de distancia. He viajado mucho, pero no
he visto nada como esto en ningún otro sitio.
—Demasiado aislado para mi gusto —señaló
Daniel.
Su acompañante sonrió ante su falta de
entusiasmo.
—Lo que ve al fondo es el parque Jotunheimen.
—Denga señaló unas cumbres lejanas donde las
laderas aparecían pinceladas con nieve—. Es un
auténtico paraíso en verano, y un infierno durante
el invierno. Un lugar terrible, tan hermoso como
cruel.
Daniel lo miró de soslayo y no le sorprendió
descubrir un brillo admirado en los ojos de su
interlocutor, que parecía encontrar una suerte de
consonancia espiritual con aquella tierra extraña. El
emisario de Kenzõ Inamura resultaba ser un
hombre bastante peculiar, y se preguntó qué podría
esperar de su patrón.
—¿Dónde está el refugio? —quiso saber Daniel,
con más curiosidad que impaciencia—. Aquí ya
solo hay roca escarpada y bosques en pendiente, no
veo carreteras ni caminos que lleguen tan lejos.
—La única manera de alcanzarlo es como lo
estamos haciendo. Pronto lo verá.
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