Page 75 - Hijos del dios binario - David B Gil
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Capítulo 3
La auténtica soledad
Daniel miró hacia abajo y observó las calmas
aguas del fiordo, una brecha de un azul profundo
que resquebrajaba la tierra. El glaciar y el tiempo
habían cincelado un laberinto que caía a pique
sobre la lengua de mar, dando forma a un paisaje
de una belleza hostil, afilada. Sin embargo, la
aeronave que los transportaba se deslizaba entre
los acantilados con la sencilla elegancia de una
libélula.
Tras sobrevolar varios barcos de crucero, ahora
parecían estar definitivamente solos, lejanas ya las
últimas poblaciones ribereñas. Daniel se protegió
los ojos e intentó divisar el final del Sognefjord,
pero este se extendía más allá del alcance de la
vista: la piedra, el mar y el bosque invernal
conformaban su propio mundo, enclavado al
margen de las corrientes del tiempo.
—Es impresionante, ¿verdad? —dijo Solomon
Denga por encima del zumbido de los motores.
Daniel asintió en silencio—. Estamos sobrevolando
la zona más profunda del fiordo, debajo de
nosotros el agua puede tener más de mil metros de
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