Page 74 - Hijos del dios binario - David B Gil
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uno de los ojos que documentaban cada segundo
de sus vidas. La mayoría de los internos se había
habituado a su presencia hasta el punto de no
reparar en ellos, pero no era el caso de Nicholas. Él
sabía que siempre estaban allí, y su mirada
electrónica le taladraba el subconsciente, como el
ruido que intentas ignorar hasta que acaba por
desquiciarte.
La videocámara se inclinó hacia él y el objetivo
giró en dos tiempos, con un breve zumbido
mecánico.
—¿¡Para qué estáis ahí!? —exigió a quienquiera
que le observara—. ¿¡Qué queréis de nosotros!?
Buscó una piedra para lanzarla, pero el suelo
estaba completamente limpio y despejado,
aséptico. Preso de la frustración, golpeó la pared
con el puño y un estallido de dolor le recorrió el
brazo hasta la médula.
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