Page 89 - Hijos del dios binario - David B Gil
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Clarice se puso en pie, dispuesta a marcharse,


           pero él la retuvo por el brazo.


                  —Creo que eso ha sido más de un consejo.


                  —No, si lo piensa bien.



                  —¿Te  ha  mandado  Inamura  a  que  me  digas


           todo esto? ¿Me estáis preparando para que muerda


           el  anzuelo?  Creo  que,  después  de  lo  de  Nueva


           Delhi, ya estoy vacunado contra tu virus.


                  —¿Sabe,  señor  Adelbert?  Quizás  no  sea  usted


           tan inteligente como se cree. Y quizás, ciertamente,


           todo esto sea una pérdida de tiempo.



                  Ella apartó el brazo y se alejó con pasos largos


           hacia  un  ascensor  en  el  que  él  ni  siquiera  había


           reparado;  pero  sus  palabras  se  quedaron  con


           Daniel  mucho  después  de  que  se  hubiera  ido.  Se


           volvió  hacia  la  barra,  meditabundo,  y  saboreó  un


           último trago. Algo tenía claro: aquella mujer no era


           solo la chófer de Kenzõ Inamura.









                  El menú no estuvo carente de cierto sentido del


           humor: el chef, que también se encargó de atender


           la  mesa  durante  la  cena,  les  sirvió  como  entrante


           sashimi  de  salmón  del  fiordo,  y  como  plato


           principal filetes de carne de ballena con nata agria,


           un manjar tan prohibido como prohibitivo.




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