Page 85 - Hijos del dios binario - David B Gil
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—Veo que es un cínico.
—Mi función no es juzgar a los coleccionistas.
Simplemente encuentro lo que ellos me piden si lo
considero factible. Si se les pone dura al tener en las
manos el primer ejemplar de L’Encyclopédie de
Diderot, tanto mejor para ellos.
—Cínico y pragmático. Eso nos ayudará a
alcanzar un acuerdo. No deseo entretenerle más.
Por favor, instálese y descanse un rato, hablaremos
durante la cena.
—Me temo que podremos charlar sobre el
mundo decadente en que vivimos cuanto desee,
pero no habrá ningún acuerdo. No trabajaré para
usted.
—Señor Adelbert, es usted un hombre
inteligente, pero hay muchas cosas que no sabe.
Escúcheme y luego podrá decidir libremente. Le
aseguro que, cualquiera que sea su decisión,
Clarice le llevará mañana de vuelta al aeropuerto.
Daniel cerró tras él la puerta del despacho y, ya
solo en el pasillo, sacudió la cabeza con
consternación. No sabía muy bien qué hacía allí,
por qué estaba perdiendo el tiempo de esa manera
cuando lo que necesitaba era un largo descanso. Se
sentía atrapado, arrastrado por la voluntad de
otros, y eso era algo contra lo que había luchado
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