Page 640 - LIBRO DE ACTAS-II-JORINVEDUC-2016
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mismo,  consideramos  la  definición  elaborada  por  Giarraca  y  Bidaseca  (2001)  que  recuperan  el
               trabajo de Francisco Naishtat:


                     El espacio es consustancial con el sistema democrático y el ejercicio de la ciudadanía. Nuestro
                     interés parte  de  comprenderlo,  además,  como  “campo  polifónico”  en el  cual  se despliegan
                     disputas hegemónicas y contrahegemónicas de discursos y sentidos (…). Es el lugar formador
                     de audiencias (…), es el lugar de reconocimiento de la “otredad” (Giarraca y Bidaseca, 2001,
                     p.29).


                     Al  manifestarse  en  ese  espacio  público,  la  calle  (a  través  de  marchas  o  cortes  con  clases
               públicas), o a través de la toma del viejo edificio de la escuela, los actores buscaron comunicar las
               razones por las que luchan.

                     Las acciones de protesta deben entenderse, entonces como acciones caracterizadas por su
                     rasgo inherente, el de ser comunicables en un espacio de visibilidad o campo discursivo, tanto
                     a través del discurso como del lenguaje corporal, a un público que puede ser espectador o
                     narrador o partícipe. Dicho espacio, al dar visibilidad, otorga existencia. (Giarraca y Bidaseca,
                     2001, p.28).

                  El  hecho  de  llevar  adelante  esta  irrupción  en  el  espacio  público  implica  creer  en  su  propia
               capacidad de alterar sus destinos (Giarraca y Bidaseca, 2001, p.30). En base a todo esto, entendemos
               a la acción colectiva de protesta como:


                     Una irrupción conflictiva, es decir, aquella que está comprendida en un “campo conflictual” que
                     se inscribe en el espacio público a partir de una demanda concreta y que necesita del discurso
                     de  la  acción  para  adquirir  visibilidad,  aunque  también  está  vinculada  con  los  períodos  de
                     latencia. Su especificidad viene dada por la manifestación de un litigio y la construcción de un
                     sentido político público.
                     Su  sentido  público  adquiere  tal  característica  cuando  logra  generalizar  las  demandas
                     particulares en la esfera pública, momento en el cual aparece un tercer actor, el espectador u
                     observador que, si bien no se halla involucrado en la acción, emitirá un juicio respecto de la
                     misma ofreciendo una interpretación alternativa a lo sucedido. (Giarraca y Bidaseca, 2001,
                     p.22).


                  Así  mismo,  entendemos  que  estas  acciones  se  encuentran  contextualizadas  histórica  y
               socialmente. Auyero, de acuerdo con Charles Tilly, advierte que hay que tener en cuenta que las
               necesidades por más acuciantes que sean, por sí solas no son suficientes para la emergencia de
               acciones de protesta, “éstas operan en una matriz de relaciones políticas, luchas colectivas anteriores
               y  respuestas  estatales  a  esas  luchas”  (Auyero,  2003,  p.46).  Asimismo,  admite  que  las
               transformaciones  estructurales  “dan  forma  a  la  acción  colectiva  de  manera  indirecta  al  afectar
               intereses, oportunidades, organizaciones e identidades de la gente común” (Auyero, 2003, p.45).
               De acuerdo con Auyero (2003), que recupera el trabajo de Tilly, podemos decir que las prácticas o
               acciones de protesta llevadas a cabo se inscribieron en el espacio público dentro de las posibilidades
               del repertorio de acción colectiva.


                  El  repertorio  de  acción  colectiva  es  “un  conjunto  limitado  de  rutinas  que  son  aprendidas,
                   compartidas y ejercitadas mediante un proceso de selección relativamente deliberado” (p.45).
                  La noción de repertorio es eminentemente política, y cultural en su raíz. Los repertorios son
                   creaciones  culturales  aprendidas,  pero  no  descienden  de  una  filosofía  abstracta,  sino  que

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