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Sobre  su  existencia  como  patología,  Bleichmar  (2000)  afirma:  “…  no  existen  pruebas  de
               laboratorio que certifiquen el carácter biológico de la multiplicidad de síntomas que incluye el ADD…
               estamos ante un cuadro descrito, pero no explicado, cuya causalidad permanece no resuelta…” 431 . En
               este sentido tampoco sería una enfermedad, ya que una enfermedad se define cuando se conoce su
               etiología (Benasayag, 2007); este mito cae al volver sobre los planteos de Bleichmar: “su causalidad
               aun es desconocida”.
                      Hablar de “síndrome” como parte de la “naturaleza humana”, es invisibilizar la desigualdad
               social,  todo  queda  invisibilizado  ante  los  “defectos”  que  incidirían  de  manera  aleatoria,  sin
               determinaciones sociales. Una estrategia perfecta dentro de la lógica neoliberalista para que todo
               permanezca como está.
                      Dueñas  (2007)  advierte  tener  en  cuenta, en  este sentido,  la  relación  familia-escuela  hoy:
               conflictos y reclamos constantes entre ambas partes, dejarían entrever que la dificultad de ciertos
               docentes no sería la cuestión de las familias de sus alumnos, sino las expectativas que se tiene acerca
               de ellas, que por supuesto, no parecen ser las adecuadas: “Proyectar una labor educativa plantados
               en un diagnóstico de situación tan alejado de las “metas” pretendidas, resulta una tarea destinada al
               fracaso y a la frustración” 432 .
                      Realizar una contextualización sociohistórica, nos permitirá plantear de la manera en la que
               lo hace Deleuze (1991), la estrecha relación entre escuela y sociedad como “causalidad inmanente”
               (aportaríamos también: y de carácter constitutivo) a la hora de analizar y reflexionar acerca del
               surgimiento y constitución de la escuela en el marco de la lógica de la Modernidad
               Históricamente, la escuela se constituyó en el espacio de control de las masas para prepararlas a
               vivir en un Estado de “gobierno”. Fue mediante la escolarización de las masas que pudo ocurrir el
               desplazamiento de las prácticas pastorales, estableciendo así un nexo entre saber y poder; entre
               tecnologías de poder y tecnologías del yo, dando lugar este juego a la experiencia de si: “… la propia
               experiencia de si no es sino el resultado de un complejo proceso histórico de fabricación, en el cual se
               entrecruzan los discursos que definen la verdad del sujeto, las prácticas que regulan su comportamiento
               y las formas de subjetividad en las cuales se constituye su propia interioridad” (Larrosa, 1994).
                      Indagar sobre los procesos de gubernamentalidad, supone preguntarse por las características
               que presenta la conducción de la conducta en las sociedades de gerenciamiento (Foucault, 2007;
               Grinberg, 2008), específicamente en las dinámicas de la vida escolar.
                      En su ensayo sobre la gubernamentalidad Foucault señala que se trata de una determinada
               mentalidad que se vuelve la base común para el pensamiento político moderno, así como para las
               acciones de Estado. La noción de gubernamentalidad, acuñada por Foucault (2006, 2007), se refiere
               a una actividad dirigida a la conducción de los individuos a lo largo de sus vidas, incluyéndolos bajo
               una autoridad que funciona como guía responsable acerca de aquello que hacemos y nos sucede.
               Al decir de Veiga-Neto (2010), la gubernamentalidad “…hace referencia tanto a una razón táctica de
               gobierno, una racionalidad gubernamental que descubre la economía y que hace de la población su
               principal objetivo”.
                      La escuela está atravesando por grandes cambios estructurales, pareciera que se estarían
               volviendo menos rígidas las prácticas tradicionales, al decir de Veiga-Neto; sin embargo, lo que en
               realidad  están  cambiando  son  las  reglas  del  juego,  transformaciones  que  pasan  de  una  lógica
               disciplinar a una lógica de control. Además de la escuela, otros varios dispositivos de control social
               emergen, siendo estos más baratos y más diseminados. Veiga-Neto refiere: “…tal vez no necesitamos
               de más escuela como máquina panóptica simplemente porque el propio mundo se volvió una inmensa
               y  permanente  máquina  panóptica:”  (Veiga-Neto,  2000).  Se  han  transformado  los  regímenes  de

               431  Bleichmar, S. (2000): “Caza de brujas en la infancia”. Diario Clarín, Buenos Aires, 30 de marzo de 2000.
               432   Dueñas,  G.  (2007):  Y  por  la  escuela…  ¿cómo  andamos?,  en  ADDH.  Niños  con  déficit  de  atención  e
               hiperactividad ¿Una patología de mercado? Una mirada alternativa con enfoque multidisciplinario. Ediciones
               Novedades Educativas. Buenos Aires, Argentina.
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