Page 749 - LIBRO DE ACTAS-II-JORINVEDUC-2016
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control”, avisa sobre un posible error y permite corregirlo, antes que castigarlo. Se trata de “gerenciar
               el error”. En palabras de esta autora: “Si gestionar es llevar el barco a destino, entonces monitorear
               supone, efectivamente, la práctica a través de la cual se rumbea… un buen monitor no actúa ni antes ni
               después, sino en el camino; más que soltar amarras, lo que debe garantizar es que el barco no pierda su
               rumbo” .
                      435
                      En este sentido, la mirada vigilante pierde su carácter sancionador y penal, las prácticas de
               control ya no se vinculan con términos como vigilancia, examen, sanción; sino que se traducen en
               “medición del rendimiento e introducción de medidas correctivas”, por ejemplo, siguiendo a Grinberg
               “la evaluación ya no es aquella mediante la cual un tercero nos califica, clasifica y castiga; en la lógica
               del monitoreo, la evaluación se vuelve autoevaluación. Sin embargo, no por eso deja de ser una práctica
               de calificación, clasificación y castigo, como lo describió Foucault, sino que ahora a cada uno se le debe
               anteponer el prefijo auto” 436
                      El caso testigo del “TDAH” es una muestra de estas nuevas formas de gobiernos de sí y de los
               otros:  Un  sobrediagnóstico  de  alumnos  con  “TDAH”  en  las  escuelas,  está  contribuyendo
               peligrosamente a  un  “tratamiento”  ligado a  la  medicalización 437   de  los  mismos  y  a  una  excesiva
               etiquetación de los alumnos.
                      Rotular y clasificar a los estudiantes de supuesto TDAH, desde un abordaje superficial y
               arbitrario; es descontextualizar la constitución de los sujetos, desconocer la subjetivación de los
               mismos, sortear las complejidades propias de nuevos tiempos y estructuraciones sociales y por ende
               escolares.  Sobre  la  base  de  un  supuesto  trastorno  de  origen  neurobiológico,  el  “problema”  no
               involucraría otras dimensiones más que al propio niño: “el problema está en los niños, que nacieron
               así”. Una afirmación nada más alejada de un abordaje complejo y amplio acerca del fenómeno del
               “TDAH”, una hipótesis que renuncia a un cuestionamiento contextual y situacional, que aduce que el
               problema es orgánico y por ende crónico, ante el cual no resta mucho por hacer.
                      En  las  instituciones  escolares,  está  sucediendo  una  reedición  del  “paradigma  médico
               biológico”, esto es un discurso médico sustentado en concepciones biologicistas del comportamiento
               humano.  “Esta  tradición  pedagógica,  orientada  desde  sus  comienzos  al  disciplinamiento
               homogeneizante,  pervive  en  la  actualidad,  coexistiendo  en  la  práctica  educativa  de  manera
               impermeable y resistente con otro tipo de ideas más a tono con los tiempos actuales” (Davini, 1995).
                      Pareciera ocurrir una “tendencia” de muchos educadores y los equipos psicopedagógicos que
               debieran  acompañar  a  estos  en  sus  tareas,  de  sospechar  “a  priori”  que  el  no  aprender  o  las
               dificultades para aprender de los alumnos, se debe a causas orgánicas, y que por ende necesitan una
               pronta derivación al neurólogo para ser medicado cuanto antes.
               Los niños comienzan así a transitar un largo camino, casi protocolizado, de tratamientos consistentes
               básicamente en “Programas de adiestramiento conductuales”, a los que se los someten con los fines
               de  lograr  que  modifiquen  sus  “conductas  trastornadas”,  y  se  “ordenen”  y  “acomoden”  a  las
               expectativas previstas por los actores educativos.
                      Las  aulas  devienen  así,  en  lugares  de  gestión  y  pre-diagnóstico  de  los  innumerables
               “trastornos” de los que, de un modo u otro, cualquiera puede tener, en algún grado, algún síntoma.
               Las modulaciones de patologías llevan a ubicar a los sujetos como sujetos que eligen, deciden y actúan
               en y con sus síntomas, siendo ellos mismos monitores de su propio destino.
               Se trata de un tipo de racionalidad que no supone ni pretende ninguna regularidad, sino más bien
               contar con síntomas y escalas que permitan la identificación rápida de algún nivel de “trastorno”
               junto a la admisión de lo no predecible. Ello hace que todos seamos, gracias a nuestros trastornos (o
               sus grados), susceptibles de ser ubicables. A los efectos fue eficaz entonces, crear nuevos miedos,

               435  Ídem
               436   Ídem
               437  Uso inadecuado, abusivo, generalizado de orden médico. Exámenes superficiales y diagnósticos que sólo
               atienden los síntomas visibles y que pertenecen a problemáticas complejas de otro orden.
                                                                                                              749
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