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control”, avisa sobre un posible error y permite corregirlo, antes que castigarlo. Se trata de “gerenciar
el error”. En palabras de esta autora: “Si gestionar es llevar el barco a destino, entonces monitorear
supone, efectivamente, la práctica a través de la cual se rumbea… un buen monitor no actúa ni antes ni
después, sino en el camino; más que soltar amarras, lo que debe garantizar es que el barco no pierda su
rumbo” .
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En este sentido, la mirada vigilante pierde su carácter sancionador y penal, las prácticas de
control ya no se vinculan con términos como vigilancia, examen, sanción; sino que se traducen en
“medición del rendimiento e introducción de medidas correctivas”, por ejemplo, siguiendo a Grinberg
“la evaluación ya no es aquella mediante la cual un tercero nos califica, clasifica y castiga; en la lógica
del monitoreo, la evaluación se vuelve autoevaluación. Sin embargo, no por eso deja de ser una práctica
de calificación, clasificación y castigo, como lo describió Foucault, sino que ahora a cada uno se le debe
anteponer el prefijo auto” 436
El caso testigo del “TDAH” es una muestra de estas nuevas formas de gobiernos de sí y de los
otros: Un sobrediagnóstico de alumnos con “TDAH” en las escuelas, está contribuyendo
peligrosamente a un “tratamiento” ligado a la medicalización 437 de los mismos y a una excesiva
etiquetación de los alumnos.
Rotular y clasificar a los estudiantes de supuesto TDAH, desde un abordaje superficial y
arbitrario; es descontextualizar la constitución de los sujetos, desconocer la subjetivación de los
mismos, sortear las complejidades propias de nuevos tiempos y estructuraciones sociales y por ende
escolares. Sobre la base de un supuesto trastorno de origen neurobiológico, el “problema” no
involucraría otras dimensiones más que al propio niño: “el problema está en los niños, que nacieron
así”. Una afirmación nada más alejada de un abordaje complejo y amplio acerca del fenómeno del
“TDAH”, una hipótesis que renuncia a un cuestionamiento contextual y situacional, que aduce que el
problema es orgánico y por ende crónico, ante el cual no resta mucho por hacer.
En las instituciones escolares, está sucediendo una reedición del “paradigma médico
biológico”, esto es un discurso médico sustentado en concepciones biologicistas del comportamiento
humano. “Esta tradición pedagógica, orientada desde sus comienzos al disciplinamiento
homogeneizante, pervive en la actualidad, coexistiendo en la práctica educativa de manera
impermeable y resistente con otro tipo de ideas más a tono con los tiempos actuales” (Davini, 1995).
Pareciera ocurrir una “tendencia” de muchos educadores y los equipos psicopedagógicos que
debieran acompañar a estos en sus tareas, de sospechar “a priori” que el no aprender o las
dificultades para aprender de los alumnos, se debe a causas orgánicas, y que por ende necesitan una
pronta derivación al neurólogo para ser medicado cuanto antes.
Los niños comienzan así a transitar un largo camino, casi protocolizado, de tratamientos consistentes
básicamente en “Programas de adiestramiento conductuales”, a los que se los someten con los fines
de lograr que modifiquen sus “conductas trastornadas”, y se “ordenen” y “acomoden” a las
expectativas previstas por los actores educativos.
Las aulas devienen así, en lugares de gestión y pre-diagnóstico de los innumerables
“trastornos” de los que, de un modo u otro, cualquiera puede tener, en algún grado, algún síntoma.
Las modulaciones de patologías llevan a ubicar a los sujetos como sujetos que eligen, deciden y actúan
en y con sus síntomas, siendo ellos mismos monitores de su propio destino.
Se trata de un tipo de racionalidad que no supone ni pretende ninguna regularidad, sino más bien
contar con síntomas y escalas que permitan la identificación rápida de algún nivel de “trastorno”
junto a la admisión de lo no predecible. Ello hace que todos seamos, gracias a nuestros trastornos (o
sus grados), susceptibles de ser ubicables. A los efectos fue eficaz entonces, crear nuevos miedos,
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436 Ídem
437 Uso inadecuado, abusivo, generalizado de orden médico. Exámenes superficiales y diagnósticos que sólo
atienden los síntomas visibles y que pertenecen a problemáticas complejas de otro orden.
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