Page 95 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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cual fuese la respuesta, su pie seguía atrapado entre los
dedos del joven. Zallin estaba recuperándose del golpe
que le había propinado Horza. Sacudió la cabeza y las
luces del hangar se reflejaron en su cabellera. Después
agarró el pie de Horza con la otra mano.
Horza estaba caminando alrededor del joven
apoyándose en las manos, con una pierna aprisionada y
la otra colgando en un intento de descargar algún peso
sobre la cubierta. Zallin miró al Cambiante e hizo girar
las manos como si intentara arrancarle el pie derecho.
Horza había previsto la maniobra e hizo girar todo su
cuerpo antes de que Zallin empezara a ponerla en
práctica. Acabó donde había empezado, con el pie entre
las manos de Zallin y sus palmas desplazándose como
cangrejos a través de la cubierta mientras intentaba
seguir los movimientos del joven. «Puedo llegar hasta
su pierna; una torsión del cuello y un mordisco —pensó
Horza, intentando desesperadamente dar con alguna
solución—. En cuanto empiece a reaccionar más
despacio tendré una oportunidad. No se darán cuenta.
Lo único que necesito es...» Y, entonces, naturalmente,
se acordó. Le habían arrancado esos dientes. Parecía
que esos viejos bastardos —y Balveda—, conseguirían
acabar con él después de todo, y en el caso de Balveda
sería una venganza desde más allá de la tumba.
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