Page 264 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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volumen de aquel estrépito imposible. La hilera de
ventanas de la pared que tenía delante se volvió de color
blanco y estalló, creando un diluvio de partículas que
golpearon su traje en una serie de nubéculas
semisólidas. Horza volvió a agachar la cabeza y corrió
hacia el umbral.
—¡Bastardo, bastardo, bastardo! —gritaba Lamm.
—¡... no para!
—¡... por aquí!
—Cállate, Lamm.
—¡Horzaaa...!
Las voces aullaban en su oído. Estaba corriendo
sobre una alfombra por el interior de un gran pasillo; las
puertas abiertas aleteaban, las luces del techo vibraban.
Un diluvio de agua barrió el pasillo ante él a veinte
metros de distancia, y durante un segundo pensó que
estaba al nivel del mar, pero sabía que eso era imposible;
cuando pasó corriendo por el lugar donde había estado
el agua pudo ver y oír cómo espumeaba y gorgoteaba
precipitándose por una inmensa escalera de caracol.
Todo volvía a estar seco, y ahora sólo quedaban unos
hilillos de líquido que caían del techo. El tirón
producido por el lento frenado del barco parecía menos
intenso, pero el rugido seguía rodeándole por todas
partes. Su cuerpo estaba empezando a debilitarse.
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