Page 269 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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la que acababa de saltar, pero la zona en que terminaban
aún conservaba la estabilidad. Horza subió hasta
aquella cubierta y llegó a ella cuando empezaba a
doblarse. Se alejó lo más posible de la ola frontal de
escombros, y vio como el metal de la cubierta seguía
doblándose en una deformación cada vez más
acentuada.
Bajó corriendo por la pendiente mientras el agua
de los estanques ornamentales caía en cascadas a su
alrededor. Más peldaños. Subió hasta la siguiente
cubierta.
Su pecho y su garganta parecían estar llenos de
carbones al rojo vivo y sus piernas de plomo fundido,
y aquel espantoso tirón de pesadilla seguía llegando
desde atrás atrayéndole implacablemente hacia la zona
de destrucción. Horza se tambaleó, dejó atrás el final
del tramo de peldaños y pasó junto a una piscina rota
de la que iba escapando el agua.
—¡Horza! —gritó una voz—. ¿Eres tú? ¡Horza!
¡Soy Mipp! ¡Mira hacia arriba!
Horza alzó la cabeza. La lanzadera de la
Turbulencia en cielo despejado flotaba entre la niebla
a unos treinta metros por encima de él. Horza agitó
débilmente la mano y el gesto hizo que se tambaleara.
La lanzadera descendió hacia él atravesando la niebla
con las puertas traseras abiertas hasta quedar
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