Page 275 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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haber dejado un friso de sombras sobre el mamparo

              que había detrás de él.


                     Uno  a  uno,  los  dedos  de  Horza  estaban

              acercándose al final de la rampa.



                     «Dios mío —pensó contemplando las sombras y el

              humo—, así que después de todo ese maníaco llevaba

              encima  una  bomba  atómica...»  Y  entonces  la  onda


              expansiva les alcanzó.


                     Horza se vio lanzado hacia adelante por encima de

              la rampa, y su cuerpo entró en el compartimento justo


              antes  de  que  la  onda  expansiva  engullese  a  la

              lanzadera haciéndola oscilar y saltar por el cielo como

              si fuese un pajarillo atrapado en una tormenta. Horza


              fue  arrojado  de  un  lado  a  otro  e  intentó

              desesperadamente agarrarse a algo para no volver a

              caer  por  el  hueco  de  las  puertas.  Su  mano  encontró


              algunas  tiras  de  sujeción,  y  sus  dedos  se  cerraron

              alrededor de ellas con sus últimas reservas de energía.


                     Horza  miró  hacia  el  hueco  de  las  puertas.  Una


              inmensa bola de fuego subía lentamente por el cielo

              abriéndose paso entre la neblina. Un ruido que parecía


              la suma de todos los truenos que Horza había oído en


                     su  vida  vibró  por  el  recalentado  interior  de  la

              máquina  que  huía  de  aquel  infierno.  La  lanzadera

              osciló, arrojando a Horza contra una hilera de asientos.





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