Page 274 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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durante un segundo fue sustituido por una especie de

              crujido, como si algo se estuviera partiendo en dos.


                     La lanzadera estaba avanzando rápidamente sobre

              la superficie del Megabarco a cien metros de altura.


              Horza podía sentir cómo sus dedos y brazos se iban

              quedando  sin  fuerzas.  Contempló  el  interior  de  la


              lanzadera a través del visor de su casco. Estaba a sólo

              unos  metros  de  distancia,  pero  sus  dedos  iban

              resbalando milímetro a milímetro.



                     El interior del compartimento emitió un destello y

              un  instante  después  se  iluminó  con  una  cegadora  e

              insoportable  llamarada  blanca.  El  instinto  le  hizo


              cerrar los ojos, y una abrasadora luz amarilla se abrió

              paso  a  través  de  sus  párpados.  Los  altavoces  de  su

              casco produjeron un repentino estallido de zumbidos


              inhumanos  y  terriblemente  penetrantes,  como  el

              aullido  de  una  máquina.  El  sonido  desapareció  tan

              bruscamente  como  había  llegado.  La  luz  fue


              desvaneciéndose lentamente. Horza abrió los ojos.


                     El interior de la lanzadera seguía brillantemente

              iluminado,  pero  ahora  también  humeaba.  Las


              turbulencias de aire que entraban por la puerta trasera

              arrancaban hilachas de humo a los asientos, tiras de


              sujeción y arneses calcinados, y a la bola de piel negra

              cubierta  de  ampollas  en  que  se  había  convertido  el

              rostro de Lenipobra. La oleada de fuego y luz parecía



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