Page 272 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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—¡Bastardos! —gritó otra voz.


                     Era Lamm. La rampa empezó a moverse. El tirón

              estuvo  a  punto  de  hacer  que  los  dedos  de  Horza

              perdieran  su  presa.  Estaban  a  cincuenta  metros  de


              altura  y  seguían  subiendo.  Horza  vio  como  la  parte

              superior de las puertas se iba aproximando a sus dedos.


                     —¡Mipp! —gritó—. ¡No cierres las puertas! ¡Deja la


              rampa  tal  y  como  está,  intentaré  llegar  al

              compartimento!


                     —De acuerdo —se apresuró a responder Mipp.


                     La rampa dejó de moverse quedando en un ángulo


              de unos veinte grados. Horza empezó a balancear las

              piernas de un lado para otro. Estaban a setenta, ochenta

              metros  de  altura,  dándole  la  cola  a  la  oleada  de


              destrucción y alejándose lentamente de ella.


                     —¡Negro bastardo! ¡Vuelve! —gritó Lamm.


                     —¡No puedo, Lamm! —gritó Mipp—. ¡No puedo!


              ¡Estás demasiado cerca!


                     —¡Gordo de mierda! ¡Bastardo! —siseó Lamm.


                     Horza  vio  destellos  luminosos  bailando  a  su

              alrededor. El vientre de la lanzadera se cubrió de llamas

              en una docena de puntos distintos allí donde lo habían


              alcanzado  los  disparos  del  láser.  Horza  sintió  un

              impacto en el pie izquierdo, en la suela de su bota, y






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