Page 287 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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vacío. El panel de la otra pared contenía una manivela.

              Horza la colocó en el control manual y empezó a darle

              vueltas. Las puertas se fueron cerrando lentamente y


              acabaron  atascándose.  Horza  luchó  con  la  manivela

              hasta que la rompió; lanzó una maldición y la arrojó

              por el hueco.



                     La lanzadera dejó atrás la niebla. Horza miró hacia

              abajo y vio la superficie ondulada de un océano gris

              surcado por el lento movimiento de las olas. El banco


              de  niebla  del  que  habían  emergido  era  como  una

              cortina  grisácea  y  las  aguas  desaparecían  debajo  de


              ella.  Los  rayos  de  sol  cruzaban  las  capas  de  niebla

              siguiendo  trayectorias  oblicuas,  y  el  cielo  estaba

              repleto de nubes deshilachadas.


                     Horza  vio  como  la  manivela  caía  dando  vueltas


              hacia  el  océano  volviéndose  más  y  más  pequeña.

              Chocó  con  el  agua  creando  una  señal  blanca  y

              desapareció en las profundidades. Debían de estar a


              unos cien metros por encima del océano. La lanzadera

              tembló  y  Horza  tuvo  que  agarrarse  al  marco  de  las


              puertas; el aparato viró y empezó a seguir un rumbo

              casi paralelo al banco de nubes.


                     Horza fue hasta el mamparo y golpeó la puerta con


              el puño.


                     —¿Mipp? No consigo cerrar las puertas.





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