Page 368 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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creer lo que veía y seguía sosteniendo su manaza. Sus

              dedos           habían            quedado               enterrados               en        las

              profundidades del gran puño dorado de Fwi—Song.


                     —¡A—a—ayu—da! —graznó el oráculo.



                     Un  instante  después  ya  sólo  podía  emitir  jadeos

              ahogados.  Los  círculos  blancos  de  sus  ojos  se

              desorbitaron  todavía  más,  el  inmenso  cuerpo  se


              estremeció y la cabeza en forma de cúpula se volvió

              de color azul.


                     Alguien empezó a gritar. El Señor Primero miró a


              Horza y alzó su enorme pistola. Horza tensó el cuerpo

              y escupió con todas sus fuerzas.


                     El  escupitajo  cayó  sobre  el  rostro  del  Señor

              Primero abarcando desde la boca hasta una oreja en


              una especie de hoz que también cubría un ojo. El Señor

              Primero retrocedió tambaleándose. Horza inhaló una


              bocanada de aire, chupó más veneno y escupió y sopló

              al  mismo  tiempo:  el  segundo  chorro  de  saliva

              venenosa cayó justo sobre los ojos del Señor Primero.


              El Señor Primero se llevó la mano al rostro dejando

              caer el arma. Su otra mano seguía atrapada entre los


              dedos de Fwi—Song. El obeso oráculo temblaba y se

              estremecía. Sus ojos estaban muy abiertos, pero no veía

              nada. Los Devoradores que mantenían sujeto a Horza


              vacilaron; el Cambiante captó el estremecimiento de

              sus  cuerpos.  Ahora  había  más  personas  gritando.


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