Page 428 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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Cuando no les quedaba ninguna debían abandonar la
partida, igual que ocurría si se quedaban sin dinero. Las
reglas decían que la partida terminaba cuando sólo
quedaba un Jugador que siguiera disponiendo de
alguna Vida, aunque en la práctica terminaba cuando
los Jugadores no eliminados hasta el momento se
ponían de acuerdo y decidían que si la partida duraba
más tiempo lo más probable era que perdiesen sus
propias Vidas a causa del desastre inminente bajo cuya
sombra se había celebrado toda la partida. La
proximidad del momento de la destrucción podía hacer
que el final de una partida resultara muy
interesante. Si la mano había durado cierto tiempo
y había una gran cantidad de dinero apostado era muy
posible que uno o varios Jugadores no estuvieran
dispuestos a dar la partida por terminada. Ése era el
momento en que los sofisticados quedaban separados
de los simios, y la partida de Daño se convertía más
que nunca en un juego de nervios. Algunos de los
mejores Jugadores de Daño del pasado habían
perecido intentando superarse los unos a los otros en
circunstancias semejantes.
Desde el punto de vista de un espectador, el
atractivo especial del Daño consistía en que cuanto
más cerca estuvieras de la unidad emotora de algún
participante más te afectaban las emociones que estaba
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