Page 425 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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El otro combatiente sacó lo que parecía una tarjeta
del bolsillo y se la enseñó al joven, que seguía gritando.
Después, los dos guardias uniformados y el hombre que
había enseñado la tarjeta se alejaron llevándose al joven.
El hombre de la tarjeta pasó la mano por detrás de una
de las orejas del joven y se apoderó de un objeto
diminuto. El joven fue medio llevado medio arrastrado
hacia un túnel de acceso. La mujer de la larga cabellera
canosa cruzó los brazos delante de su pecho y siguió
paseando por la terraza. El círculo de espectadores de
la terraza volvió a cerrarse sobre sí mismo como un
agujero en una nube.
Horza observó como la mujer se abría paso por
entre los divanes hasta que abandonó la terraza y la
perdió de vista. Alzó los ojos. Los animales seguían
girando, saltando y luchando por los aires. La sangre de
color blanco que manchaba sus flancos velludos parecía
brillar. Los animales gruñían en silencio y se atacaban
moviendo sus largas patas delanteras, pero tanto sus
acrobacias como su puntería se habían deteriorado
considerablemente. Estaban empezando a cansarse y se
movían con creciente torpeza. Horza volvió la cabeza
hacia la mesa de los Jugadores. Todos estaban
preparados, y la partida iba a empezar.
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