Page 481 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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asomaba sobre el muro bulboso de los faldones de la
máquina. La cubierta quedaba a unos tres metros de la
superficie del agua y sobresalía por encima de ella. El
chorro caliente de humo y vapores asfixiantes cayó
primero sobre el hombre que huía y luego sobre Horza,
empujándoles hacia atrás. La profundidad del agua
estaba disminuyendo. Horza descubrió que podía sacar
las piernas del agua lo suficiente para avanzar bastante
más deprisa. El ruido y la espuma volvieron a
envolverles, y Horza perdió de vista al hombre que
perseguía durante un momento. Después el panorama
que tenía delante volvió a hacerse visible y pudo
contemplar como aquel inmenso vehículo se movía
sobre su colchón de aire hasta llegar a una zona de
cemento seco. Las paredes del muelle se extendían
hasta una altura considerable a cada lado, pero el agua
y las nubes de espuma ya casi habían desaparecido. El
hombre al que perseguía subió tambaleándose por el
corto tramo de rampa que nacía en el agua —ahora sólo
les llegaba hasta los tobillos—, y terminaba en el
cemento. Tropezó y estuvo a punto de caer, pero logró
recobrar el equilibrio y dio comienzo a una vacilante
carrera en pos del aerodeslizador que iba acelerando
sobre la zona de cemento dirigiéndose hacia el cañón
central del muelle.
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