Page 934 - Pensad En Flebas - Iain M. Banks
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reducía un poco la velocidad pero aumentaba
considerablemente el ruido de su avance.
El aullido de los motores y las ruedas del tren, el
de su maltrecho cuerpo metálico hendiendo la
atmósfera y el del aire que se arremolinaba en los
agujeros de los vagones semidestrozados creaban ecos
en las paredes y el techo, las consolas, el suelo y la
curvatura del cristal blindado.
El ojo de Quayanorl seguía cerrado. Las
membranas internas de sus oídos vibraban con cada
ruido del exterior, pero no transmitían ningún mensaje
a su cerebro. Su cabeza subía y bajaba como si aún
estuviera vivo siguiendo el ritmo de las oscilaciones que
hacían temblar la consola. Su mano temblaba sobre el
circuito que desactivaba el freno de emergencia como
si el guerrero estuviera algo nervioso o tuviera miedo.
Atrapado entre el asiento y la consola, pegado al
respaldo por su propia sangre, Quayanorl era como
una extraña parte averiada más del tren.
La sangre se había coagulado. La hemorragia había
cesado, tanto dentro de su cuerpo como fuera de él.
—¿Qué tal va eso, Unaha—Closp? —preguntó
Yalson.
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