Page 222 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            que parecía ser algo de ceniza en el fondo. Con ciertas

            precauciones  Sergio  introdujo  los  dedos  de  la  mano

            derecha en el líquido, y, no sintiendo nada, obedeció


            las órdenes de Herder.


               —Ahora puedes tomar asiento —dijo el mago—. De

            momento, estás a salvo. Pero no te separes de mí, ni


            obres en nada contra lo que yo diga. No hables aún...


               Sergio ocupó un pesado sillón de madera, mientras

            Herder, antes de sentarse, efectuaba el mismo rito con

            el agua.


               —Has  bajado  de  arriba  —dijo  el  mago—.  Eres  un


            hombre civilizado, y quizás estas ceremonias te causen

            risa.  Puedo  asegurarte  que  son  necesarias;  ellos  las


            requieren...


               Lo cierto era que Sergio no sentía ningún deseo de

            reír.  La  opresiva  sensación  de  la  nave  se  hallaba


            cargada de algo como presencias extrañas, situadas en

            los  extremos  oscuros,  tal  que  si  alguna  entidad

            amenazadora,  agazapada  allí,  esperase  tan  sólo  un


            descuido  para  lanzarse  sobre  él.  Por  el  contrario,

            Herder  no  le  inspiraba  temor  alguno;  el  temor,  la

            opresión, la sensación de algo extraño y amenazador


            se hallaba fuera; en la nave misma, bajo el suelo, a los

            lados, y sobre todo, en la figura femenina que acababa

            de visitarles...




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