Page 221 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            mesa. Que lo sepan los que me oyen, y se abstengan de

            todo mal. Por tres veces yo lo mando a todos. Y tú,

            visitante, siéntate, y acepta mi agua. Accipe, accipe.



               Una nueva figura apareció, procedente de la oscura

            boca que se abría al fondo de la sala. Sergio vio que era

            una mujer joven, con una enorme cabellera negra como


            el ébano, encrespada en torno a la cabeza. Sus rasgos

            eran pálidos, regulares. Tenía los ojos semicerrados, no

            siendo  posible  distinguir  sus  pupilas.  La  boca,  de


            gruesos  labios  de  un  rojo  casi  artificial,  resultaba

            protuberante,  como  si  una  dentadura  grande  y

            deformada los empujase hacia afuera. Iba descalza, y


            cubierta por una túnica parda, similar a la de Herder

            que  sólo  llegaba  a  medio  muslo,  descubriendo  unas

            piernas  suaves  y  bien  formadas,  aunque  demasiado


            musculosas.  Traía  en  las  manos  un  recipiente  de

            porcelana  blanca,  que  depositó  en  la  mesa,  ante


            Sergio...  Durante  un  momento,  los  semicerrados

            párpados se abrieron revelando unos ojos destellantes,

            ígneos,  que  expresaban  una  bestial  salacidad...


            Después, la figura femenina, balanceando las caderas,

            desapareció por donde había venido...


               —Toma  el  agua  —musitó  Herder—.  No  la  bebas;


            tómala en los dedos y ponla en tu boca, tus oídos y tus

            ojos... no te hará daño.


               El recipiente contenía, aparentemente, agua, con lo

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