Page 237 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            que  fue  creciendo,  hasta  alcanzar  el  tono  de  una

            cascada que se desbordase entre las rocas.


               —Por  tu  geometría  y  tu  conocimiento,  grande  y


            poderoso  Duque  Pucel;  por  Adonai  Elohim,  veni,

            veni...


               ¿Había una figura oscura, con grandes alas, sobre la

            inclinada cabeza de Herder? La raya de tiza comenzó


            a lucir con una fosforescencia azul...


               —Protege el umbral con tus ruidos y tu agua, gran

            Duque Pucel, para este siervo que ha ungido sus ojos,

            boca  y  orejas  con  el  agua  lustral...  Podrá  salir,  pero


            nadie entrará.


               El rumor de agua saltando y burbujeando entre las

            rocas disminuyó, para verse acompañado de un ruido


            crujiente que parecía brotar de las entrañas de la tierra;

            un zumbar sordo, continuado, como el ruido de una


            maquinaria en marcha. Ahora sí que se veía claramente

            una  figura  en  pie,  negrura  dentro  de  la  misma

            oscuridad,  como  una  tiniebla  más  profunda  que  las


            mismas sombras, una figura casi humana con grandes

            alas plegadas sobre la espalda. No; no había nada. Era

            una ilusión... A Sergio tan pronto le parecía verla como


            no verla; en un impulso, se acercó a la línea de tiza, que

            relumbraba  apagadamente  entre  las  sombras.  No

            había nada allí; ni siquiera el mismo Herder... Estaba




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