Page 242 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
P. 242

Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            deslizó hacia abajo y abrió con violencia, en silencio, el

            cinturón de piel curtida... Sergio notó como la mano se

            enroscaba en torno a su sexo, rozando con los dedos en


            uno y otro lado... La boca de Airunesia se juntó a la

            suya,  y  notó  que  casi  perdía  el  sentido  ante  el


            espantoso hedor que emanaba de la lamia...


               —Te  quiero...  —dijo  una  voz  ronca,  que  parecía

            surgir de todas partes—. Has de ser para mí...


               Sintió, sin poder evitarlo, los  dientes agudos como

            agujas  clavándose  en  sus  labios.  El  corazón  le  latía


            apresuradamente  y  el  terror  casi  le  hizo  perder  el

            sentido; un sudor frío resbalaba por todo su cuerpo...

            La cabellera negra, áspera como alambre, de Airunesia,


            corrió por su pecho desnudo, mientras la mano, más

            abajo, rodeaba y apretaba cada vez con más fuerza el


            miembro viril...


               —Detente... ¡detente, lamia! —gritó la voz de Herder,

            inesperadamente alta—. ¡No es para tí...! ¡Suéltalo, te


            lo ordeno! ¡Por tres veces, suéltalo, suéltalo, suéltalo!

            ¡Por  Bitru,  tu  padre  adulterino,  y  por  los  tres  que

            pueden  sepultarte  en  la  tierra,  Anazaret,  Goziel  y


            Fecor, suéltalo o recibirás tu castigo...!


               El gruñido que surgía de todas partes se hizo más

            intenso,  y  Sergio  sintió  como  el  cuerpo  desnudo  de

            Airunesia se retiraba lentamente, a tirones, como si no




                                                           242
   237   238   239   240   241   242   243   244   245   246   247