Page 240 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
En un pequeño caldero de barro se cocía algo espeso
y amarillento, burbujeando sobre un fuego de carbón
vegetal. Herder trazaba ahora —lo veía difícilmente a
través de sus párpados que persistían en cerrarse—
sobre un pergamino, con extraordinario cuidado, tres
círculos, con los colores oro, bermellón y verde;
escribía lentamente, valiéndose de una pluma de ave,
unos nombres que la distancia le impedía ver; colocaba
el pergamino sobre una delgada y transparente tela...
—Adonai poderosísimo —dijo la casi inaudible voz
de Simón Herder—, Alfa y Omega que me elegiste
para tu servidor, que protegiste a tu pueblo y lo libraste
de calamidades, por los siete nombres, por el poder del
Shiraz consagrado, por la multiplicidad de la esencia,
te ruego consagres el pantaclo, uno y múltiple, por
Beheriot, Signus, Sapientiae, Colis Sabbaoth... yo lo
pido... Por ti Adonai, cuyo reino sin fin me acojan.
Amén.
Lentamente, Sergio se dejó caer sobre el suelo...
Sentía tanto sueño... Seguramente así descansaría
mejor... Sintió un ligero sobresalto, cuando se dio
cuenta de que el objeto ennegrecido era una mano
humana, cocida y curada hasta tomar el color de la
cecina... Parecía como si de ella emanasen ondas
soporíferas, que aturdiesen todavía más su
adormecida mente... Herder dejaba el pergamino sobre
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