Page 238 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            solo.


               A través de la contrahecha ventana sólo se divisaba

            el  fantasmagórico  bosque;  los  árboles  retorcidos,


            hundiendo sus nudosas raíces negras en los remansos

            de agua pútrida, bajo el resplandor blanquecino de un

            ancho  disco  lunar...  Unas  sombras  oscuras,  con


            grandes  alas  batientes,  pasaron  sobre  la  nacarada

            blancura;  algo  grande  y  torpe  se  removió,

            chapoteando, entre los leprosos arbustos.


               —¿Es cierto que ahorcaron un hombre en Toledo? —


            dijo, desde el umbral, más allá de la raya, la débil voz

            de Herder.


               —Es cierto; yo...


               —Lo  celebro;  no  estaba  seguro.  Necesitaba  la


            seguridad para preparar la mano de gloria. Estaba casi

            terminada ya... No salgas, no salgas, no salgas. Por tres


            veces te lo digo.


               Un suspiro... En el umbral no había nada. Sergio se

            sentó en la cama, escuchando el ininterrumpido rumor

            del  agua,  y  los  crujidos  provenientes  de  las


            profundidades. La figura estaba allí batiendo sus alas...

            No; no era cierto. No había absolutamente nada más

            que  la  línea  fosforescente  y  los  ensortijados  trazos


            junto a ella...


               En este momento no sentía miedo alguno, a pesar de


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