Page 345 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
y lo arrastró hasta la vedette. Procedió a registrarlo,
quitándole para ello toda la ropa; pero tampoco
encontró nada. Ni documentos de identificación, ni
órdenes escritas, ni siquiera una carta o una fotografía.
Con cierto esfuerzo, arrojó al interior de la nave el traje
de goma negra, la capucha y las botas... Después,
inclinándose sobre el piloto automático, lo estudió
cuidadosamente. Desconectó el desviador de masa, y
colocó en su lugar varios limbos graduados y un par
de palancas. Después, con un esfuerzo, levantó el feble
cuerpo blanco que dejó un rastro de sangre oscura al
resbalar sobre el caparazón metálico y lo dejó caer de
cualquier manera en el asiento de pilotaje. Dio el
contacto al piloto automático, que comenzó a zumbar
suavemente, y cerró la semiesfera de cristal templado,
que encajó en su lugar con un ruido seco.
Sabía lo que iba a pasar ahora. Durante siete horas, el
aparato permanecería inmóvil en el mismo lugar,
sirviendo de tumba a una mujer desconocida.
Transcurrido ese tiempo, los sensibles mecanismos del
piloto automático operarían sobre los motores
antigrav, y el aparato se levantaría lentamente sobre el
suelo, en mitad de la oscura noche que aún tardaría en
caer. Poco a poco iría tomando velocidad,
encaminándose rectamente hacia el sol, gastando en
ello hasta el último gramo de la energía acumulada en
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