Page 388 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
Marta pudiera apoyarse en él, y mientras la ayudaba a
subir, un poco en broma, le pasó las manos por los
muslos que el destrozado pantalón dejaba al
descubierto. La mujer emitió un sonido oscuro, pero no
dijo nada.
—No lo veo —dijo Marta, desde la primera rama—.
Bájame.
Al ayudarla, Sergio volvió a repetir la maniobra, esta
vez un tanto en serio, y sintiéndose, ligeramente
excitado. Tampoco Marta se opuso ni soltó ninguna de
las procacidades que acostumbraba. Por el contrario,
cuando estuvo en el suelo se adosó a él.
—Me salvaste la vida en el río —dijo—. Y ni siquiera
te lo he agradecido...
—Ni hace falta, mujer.
—Eres un buen muchacho, Sergio. Dame un beso.
Sergio la besó formulariamente, y ella le contestó de la
misma manera. Tenía una boca ancha, jugosa, que se
acoplaba fácilmente. Caminaron juntos hacia la isla, sin
tocarse más.
—Ese Marcus... —No creo que tarde en venir.
Iba cayendo la noche. En dirección al resto de la
patrulla se distinguía un punto rojizo, como un
rescoldo. Seguramente los demás, tras mucho trabajo,
habían conseguido reunir el número de ramas
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