Page 481 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
Una nube de humo espeso, que hacía llorar los ojos,
ocultó todo a la vista de Sergio; sólo sentía en este
momento el maloliente mandril que trataba de cogerle
por el cuello... Entre la humareda, hombres, caballos y
mandriles, saltaban y caían entre aullidos insanos...
Dos nuevas explosiones retumbaron en el enrarecido
aire, y una de ellas debió ser muy próxima, pues a
Sergio le pareció que el chorro de llamas le cegaba, que
algo pasaba silbando junto a su cabeza, como un
enjambre de avispas que cortase velozmente la
atmósfera... Un manotazo le quitó el rifle de las
manos... El hocico azul estaba casi en su garganta;
sintió un golpe en el pecho y cayó al suelo... Dio una
vuelta sobre sí mismo, sacando al mismo tiempo el
cuchillo de caza, y alzándolo hacia arriba, hacia la
espesa nube de humo... Una cosa pesada y negra cayó
sobre él, empalándose limpiamente en la ancha hoja,
con un aullido espantoso... Vio los ojos vidriados de la
bestia, a los que la muerte no había hecho perder su
expresión maligna, y gritó... los amarillos dientes, en
un último espasmo, se habían cerrado sobre su
hombro... El cuerpo del mandril pesaba sobre el suyo
como una masa inamovible, y la espesa sangre roja
chorreaba sobre su vientre. Intentó desplazar el
cadáver, pero los dientes hundidos en su hombro
parecían empotrados allí como una trampa de acero.
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