Page 490 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
sábana... Sergio depositó en una repisa la comida que
había traído. Era fácil darle de comer; la mujer lo hacía
automáticamente, sin abrir los ojos. Pero era preciso
atenderla en todo; parecía una gran muñeca de carne.
Sin embargo, había habido un claro cambio desde el
día anterior, tal como le indicase el doctor. Marta se
movía intranquila, y de sus labios surgían palabras
inconexas, como de un durmiente que está a punto de
volver a la realidad. Sergio la besó suavemente en los
labios, procurando apenas rozarla, y se sentó en una
silla, sin querer pensar en nada. Lo que le tocase en el
reparto de los bienes de la expedición se había ido en
conseguir ropas nuevas para Marta (estaban allí, en el
armario) y para él, así como algún alimento, y en
satisfacer las atenciones del doctor, y la intensa
medicación necesaria. Desde su punto de vista, estaba
prácticamente en quiebra. Debía un mes de trabajo en
las minas de mercurio, si bien, como le había dicho el
doctor, no era preciso que lo efectuase
inmediatamente... y había podido elegir entre varias
ocupaciones para subsistir. La de Ame Turleson había
resultado ser la más interesante.
Aún le quedaba tiempo, pero cada vez menos. Las
noches interminables, tendido junto al inmóvil cuerpo
de Marta, con el ventanuco abierto, viendo brillar en el
firmamento la cada vez más esplendente Gabkar, de la
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