Page 54 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
P. 54

Viaje a un plan eta Wu -Wei                               Gabri e l Berm údez Casti llo


            mujer ataviada únicamente con una piel apelillada en

            torno  a  la  cintura,  y  con  una  cadena  alrededor  del

            cuello, cuyo extremo se hallaba en manos del hombre


            rubio.  La  desnudez  de  la  mujer  no  me  impresionó,

            como  quizá  mis  lectores  piensen,  pues  aunque  su


            cuerpo  tenía  una  hermosa  línea,  y  sus  senos  eran

            redondos  y  blancos,  sabido  es  que  sólo  los  pechos

            civilizados, como los de nuestras actrices o strip‐giris,


            pueden  excitar  a  un  ciudadano.  Ella  tenía  caída  la

            cabeza sobre el pecho, y sus largos cabellos oscuros le

            ocultaban el rostro.


               »El,  gran  shaman...  brujo...  sabio  —dijo  mi


            acompañante—. El saber todo.


               »El hombre rubio, sin soltar la cadena, me hizo una

            seña para que me acercase. Obedecí, sonriéndome en


            mi interior ante la prosopopeya con que el presunto

            brujo me recibía. Me indicó, sin hablar, que me sentase

            a  su  lado,  y  así  lo  hice,  cuidando  desde  luego  de


            hacerlo en aquel en que la mujer no estaba. Por cierto

            que a poca distancia se abría en la roca un gran agujero


            oscuro,  casi  circular,  de  un  metro  de  altura,

            aproximadamente, del que luego hablaré.


               »El hombre rubio me miró fijamente. Tenía los ojos

            azules,  intensos  y  penetrantes,  como  los  de  todo


            hombre acostumbrado a mirar a lo lejos (así les sucede,

            por ejemplo, a nuestras Tropas del Asteroide).

                                                           54
   49   50   51   52   53   54   55   56   57   58   59