Page 636 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
—No sirvió de nada, Bategay —comentó Sergio,
burlonamente—. Tu asesina murió; la maté yo mismo,
y sus cenizas nos dan luz en este momento desde el
mismo sol...
—Lástima —dijo Bategay, con voz llena de odio.
—Me pareces muy culpable —contestó Sergio, con
frialdad.
El seco estampido del revólver sobresaltó a todos. En
el pecho de Bategay se abrió un orificio negro... por
unos instantes, el rostro odioso del enano tomó una
expresión de intensa sorpresa, que se cambió en una
mueca de espantoso dolor... El cuerpo sin vida se
derrumbó en el suelo, con los pies moviéndose
espasmódicamente; una bocanada de negra sangre
surgió de los labios del muerto, manchando
espesamente el pulido pavimento.
—¿Qué has hecho, primo?
Sergio se volvió bruscamente hacia Alberto. Dejó la
pistola sobre la mesa, que exhaló un alarido, y
comenzó a abrirse en secciones, alargándolas hacia el
cadáver...
—Para ese chisme. ¿Cómo, que qué he hecho? Dime
tú: ¿que querías que hiciera? ¿No era culpable?
—Sí; pero así... Un proceso público... una lección para
todos... las cosas, legalmente, siempre... —Calla, calla.
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