Page 633 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
nacientes, ni Bategay mandó una visita nocturna a la
casa de alguna muchacha para convencer a su familia
de que jugaban un juego peligroso... ¡Qué buenos se
habían vuelto de pronto! Ella vino a vivir conmigo, al
palacio, sin que se enterasen más que los sirvientes más
íntimos, los áspides, los cuales, desde luego, habían
sido modificados mucho antes para que no pudieran
hacer nada a Ratkoff ni a Bategay... Guardo buenos
recuerdos de ella —dijo Sergio, amargamente—. Muy
buenos recuerdos... Aunque ello te escandalice,
Alberto, te diré que nuestras noches de amor eran
perfectas, en todos los sentidos... hasta la última y
definitiva. Todo maravilloso, la música, las bebidas, la
conversación, los jugueteos preliminares... todo de una
perfección inusitada. El más intenso enamorado del
mundo no hubiera podido pedir más... Lástima que
aquello acabó de forma inesperada y desagradable en
el momento menos oportuno... cuando a Ana Arnold
se le acabaron repentinamente las baterías...
—¡Vamos! —dijo el Manchurri—. ¡No era de verdad!
—¡No es posible! —dijo Alberto de Belloc.
—Claro que sí. Otra estupenda idea de Bategay. La
verdad es que me sentí lleno de asco, de horror, de
disgusto... Luego me he dado cuenta de que esas cosas
no matan; sólo molestan. Pero entonces no lo sabía...
Basta decir, que al día siguiente, el infeliz Sergio
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