Page 634 - Viaje A Un Planeta Wu-Wei - Gabriel Bermudez Castillo
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Viaje a un plan eta Wu -Wei Gabri e l Berm údez Casti llo
Armstrong recibió la orden de atentar contra un
precinto... y que en uno de mis paseos por la Ciudad,
desaparecí... después de que hube sustituido al
prisionero, ya atado y expuesto a la vergüenza pública
en un poste de bello plástico azul. Después de que
hube cerrado las esposas sobre mis muñecas, yo, Sergio
Armstrong, permanecí inmóvil... encadenado y solo.
Pero ahí comienza una historia muy diferente, que no
os interesa en absoluto.
Sergio calló, y una total falta de respuesta siguió a sus
palabras. La mesa emitió un débil siseo, y algo como
un tallo de metal, terminado en una bola, surgió de uno
de los tableros. Walther, silenciosamente, se acercó y
cambió unas palabras inaudibles con el vastago de
metal. «La guardia del Conde ha sido dominada.
Alteza. Todo está bajo control». Sergio no contestó.
Jugueteaba lentamente con el revólver que le había
dado su primo, abriendo y cerrando el tambor,
extrayendo los bronceados cartuchos, volviéndolos a
meter en sus huecos, montando y desmontando el
percutor. Por dos veces pareció como si el Edecán,
cuyos ojos estaban fijos en aquel arma tan
peligrosamente manejada, fuera a decir algo, pero no
se atrevió.
Durante largos minutos, sin que nadie dijese una sola
palabra, las manos de Sergio continuaron acariciando
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