Page 263 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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batallón se apuntan voluntarios para lapidarlo.


                  —Te repito que es valioso. Déjalo en mis manos.


                  —¡Yo soy su general y soy yo quien debe decidir


            cómo  castigarlo!  —Ya  no  lo  eres.  Ese  hombre  y  su

            hermano han dejado de pertenecer a tu batallón.


                  —Pero el contrato que...


                  —Su  contrato  establece  que  me  sirven  a  mí,

            hegemón de la Liga de Corinto y de la Liga Helénica de


            Italia. —Alejandro palmeó la cara de Meleagro con la

            fuerza justa para que el gesto pareciera algo más que


            cariñoso y un poco menos que ofensivo—. Puedes estar

            tranquilo,  viejo  amigo.  Nadie  agrede  a  uno  de  mis

            generales y queda impune.



                  Meleagro entrecerro los ojos y rechino os dientes.

            Por fin, asintió, se cuadró ante Alejandro y dijo:


                  —Y tú puedes estar seguro de que comprobaré que

            lo castigas. Con tu venia...


                  Sin  más  palabras,  dio  media  vuelta  y  salió  de  la


            estancia. Lisanias suspiró de alivio. Durante todo ese

            rato, había tenido la mano apoyada en el pomo de la


            espada. El general macedonio venía tan borracho como

            de  costumbre  y  no  era  descartable  que  intentase

            agredir a Alejandro. Si ocurría algo así, el rey era bien


            capaz de defenderse solo, pero Lisanias no permitiría

            que se manchara las manos golpeando a un odre de



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