Page 355 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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creer lo que veían. No llevábamos sarisas, claro, sino
lanzas normales. Nos cayó una lluvia de flechas, pero
seguimos ladera arriba. El resto del ala derecha nos
siguió creyendo que obedecíamos órdenes de
Alejandro, y él mismo no tuvo más remedio que
secundar el ataque con el ala izquierda y la caballería.
»Fue una gran victoria. No hubo tácticas, ni
maniobras envolventes, ni tropas de reserva lanzadas
por sorpresa en el último momento. Ganamos sólo por
nuestra areté, por nuestro valor guerrero, porque
éramos mejores que ellos. Los pocos enemigos que
quedaron vivos huyeron a uña de caballo. No tenían un
gran botín en oro ni joyas, pero nos apoderamos de su
ganado y sus barriles de cerveza, y se organizó una
gran fiesta.
»Aún no era media tarde y ya habíamos empezado
a celebrar la victoria por batallones. Alejandro envió a
un mensajero a decirnos que nosotros no podíamos
beber, que entregáramos el botín que habíamos
recogido y que nos presentáramos enseguida ante él.
Aunque sabíamos que nos iba a caer un buen chorreo,
no hicimos caso. Aquella cerveza bárbara era pis de
perro, pero se subía a la cabeza y nosotros la
trasegábamos como si el mundo se fuera a acabar
mañana. Nos reímos del mensajero, lo manteamos y lo
tiramos a un charco de barro, y después seguimos con
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