Page 350 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
P. 350

seguro lo estaba haciendo.


                  La mujer se acercó al hombre paralítico y se inclinó

            para pegar el oído a su boca. Después se incorporó y


            les dijo.


                  —Gorgo os da la bienvenida al quinto pelotón de la

            primera  compañía.  Vosotros  dos  os  instalaréis  en  la


            tienda de la derecha —dijo señalando a los hermanos—

            ,  y  tú  en  la  de  la  izquierda.  Cuando  podamos,  os

            daremos  armas  de  macedonio.  Hasta  entonces  os


            arreglaréis con lo que tenéis.


                  —Esto  ya  es  demasiado  —estalló  Cérdidas—.

            ¿Desde cuándo da órdenes una mujer? ¿Es que acaso te


            han crecido...?


                  La mujer se volvió hacia él y sin terciar palabra le

            dio una patada en los testículos. El gesto fue rápido,


            certero y, sobre todo, brutal. Por puro reflejo, Demetrio

            apretó  los  muslos  al  ver  a  Cérdidas  arrugarse  y

            desplomarse boqueando como un pez en la arena.


                  —¿Pelotas? —completó ella—. No, creo que no las


            tengo.  ¿Es  que  sirven  para  mucho?  —  Después  se

            volvió hacia los dos hermanos y preguntó—: ¿Sabéis

            por qué estáis aquí?



                  Cérdidas seguía agachado en el suelo, recuperando

            poco a poco el resuello. Euctemón miró a la mujer a los

            ojos y abrió la boca para contestar, pero ella continuó




                                                              350
   345   346   347   348   349   350   351   352   353   354   355