Page 353 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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comíamos pan mohoso,  así que estábamos deseando

            aprovechar  que  esos  bastardos  se  habían  decidido  a


            presentarnos batalla y aniquilarlos de una vez.


                  »Al frente de nuestro batallón estaba Gorgo —dijo

            señalando  al  hombre  inmóvil—.  No  había  otro


            guerrero  como  él.  Cuando  blandía  su  lanza  en  la

            primera  fila  sembraba  el  terror  entre  los  enemigos

            como  Aquiles  y  Áyax  juntos.  Él  y  Alejandro  habían


            sido compañeros de juegos en el palacio de Pela, pero

            Gorgo no había ascendido más rápido porque era el

            hijo de un caballerizo y una esclava. Alejandro le había


            prometido  que  al  final  de  la  campaña  le  daría  un

            batallón entero y lo nombraría Compañero Real.


                  »Alejandro le insistió a Gorgo en que contuviera a


            los hombres, pues éstos no hacían más que gritar que

            los soltara ya, que querían cargar contra esos bárbaros.

            Pero  el  rey  tenía  otros  planes.  Pretendía  pasar  por


            detrás  de  nuestras  filas  con  la  caballería,  situarse  en

            flanco izquierdo y atacar desde allí, o rodear la colina


            donde estaban los enemigos para sorprenderlos por la

            espalda, no lo sé. El caso es que a nosotros nos tocaba

            aguantar  a  pie  firme  y  aguantar  los  insultos  de  esos


            bárbaros,  como  si  fuésemos  unos  cobardes  o  unos

            vulgares soldados de leva.


                  Cérdidas se había levantado trabajosamente y ahora

            escuchaba  en  silencio  como  los  dos  hermanos.



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