Page 357 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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decidió dar un ejemplo con todos nosotros, y la ira fría
de Alejandro puede ser aún más peligrosa que su rabia.
Ordenó que sus jinetes nos rodearan y nos dijo que sólo
nos perdonaría la vida si de entre nosotros salían diez
voluntarios para ser ejecutados. Borrachos como
estábamos, nadie decía una palabra. Uno a uno fueron
saliendo diez hombres, todos ellos jefes de filas, los
mismos que habían iniciado la carga sin autorización.
Allí mismo, delante de nosotros, Alejandro hizo que los
acribillaran a lanzazos.
»Al día siguiente, delante de todo el ejército, nos
quitó los estandartes, nos despojó de los penachos de
los yelmos y nos hizo arrancar las pieles de los escudos.
Dejamos de ser las compañías Lobo, Hécate y Argos, y
nos convertimos en tres compañías sin nombre. No
hemos tenido un solo día de permiso desde entonces,
no se nos permite licenciarnos, se nos paga la mitad que
a los demás pezétaroi, porque, por supuesto, ya no se
nos considera Compañeros. Somos las putas de
Alejandro, y como putas nos arrastramos por todos los
rastrojales. A veces combatimos como infantería ligera
para servir de cebo a la caballería enemiga, a veces
somos caballería de montaña improvisada a lomos de
mulas, a veces nos toca arrasar una aldea por la noche
y matar a todos sus habitantes, niños y mujeres
incluidos. Si hay que plantarse al pie de una muralla
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