Page 611 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Mejor reserva ese manjar para otro.
Las miradas de Néstor y Clea se cruzaron. Si al
médico le molestaba la actitud de la joven con Gayo,
ella estaba aún más resentida por que él la rehuyera.
De sobra sabía Clea que no debería haberse acostado
con el médico, pero por el peligro que ambos corrían,
no porque se sintiera culpable. Tras la muerte de su
madre, se había criado con su padre, exiliados los dos
un día aquí y otro acullá, y al no estar encerrada en el
gineceo de una casa había visto y oído muchas cosas.
Entre otras, había presenciado cómo su padre cometía
adulterio con las esposas de presuntos amigos para
obtener más influencia y poder, pues Agatocles era de
la opinión de que en el campo de batalla de Afrodita
podían conseguirse triunfos más importantes que en el
de Ares.
La sociedad siracusana era refinada y sensual, y en
ella el erotismo flotaba en el aire, tanto en el arte y las
conversaciones como incluso en la cocina, recargada y
picante. En los mimos teatrales de Sofrón y Jenarco,
Clea había visto a mujeres que eran infieles a sus
maridos; y aunque se trataba de ménades insaciables
que se quejaban de que sus esposos no las satisfacían,
la joven entendía que esa caricatura escondía una
verdad. Si los hombres podían acostarse con
prostitutas para no dejar embarazadas a sus mujeres y
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