Page 608 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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mesas alrededor del estanque central del patio. Sobre
ellas había grandes fuentes de plata y cobre, de las que
iban sirviendo porciones en bandejas. Luego pasaban
entre los invitados y se las ofrecían a los círculos de
hombres, que conversaban de pie con una copa de vino
en la mano, o a los corrillos de mujeres, que tendían a
agruparse apartadas del centro, sentadas en los bancos
de madera del jardín o en taburetes y sillas plegables.
Escipión ya tenía previsto desde hacía días celebrar
ese banquete para sus amigos, pues muchos de ellos
quizá no estarían vivos para la próxima reunión. Como
se esperaba, de la reunión del Senado había salido una
declaración de guerra. Dicha declaración no se había
formalizado hasta el día siguiente, cuando el pater
patratus, jefe de los sacerdotes feciales, había cumplido
el ritual de arrojar una lanza de hierro quemada y tinta
en sangre contra el territorio enemigo. En realidad,
puesto que los preparativos corrían prisa y no era
cuestión de enviar a los feciales a Macedonia (ya que
Roma jamás reconocería la base de Posidonia como
territorio legítimo de Alejandro), el pater patratus se
había conformado con arrojar la lanza fuera del
pomerio.
Al saber que al día siguiente Néstor y Agatoclea
serían devueltos a los enviados macedonios, el pretor
había decidido convertir la cena en una fiesta de
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