Page 609 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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despedida. Como atención para ellos, los cocineros
habían preparado un plato especial: una enorme raya
asada y regada con una densa salsa de queso y silfo, al
estilo de Siracusa. También se escanciaron vinos
griegos. De aperitivo, sirvieron uno suave y claro de
Mitilene. Después Escipión se empeñó en que probaran
otro caldo de Tasos, aunque Néstor prefirió dedicarse a
los italianos, que le eran menos familiares. El falerno de
diez años que había utilizado para desinfectar las
heridas de Lila y Aristóteles tenía cuerpo, pero
resultaba algo áspero en la garganta, y uno de los
invitados le recomendó mezclarlo con vino de Quíos.
Después probó un cécubo suave y digestivo, el
complemento perfecto para la lubina horneada.
También les sirvieron un blanco de Sorrento muy
fuerte que llevaba más de veinte años envejeciendo en
las bodegas de la casa. Al beberlo, a Clea se le saltaron
las lágrimas y le dio la tos por culpa de Gayo Julio, que
se había empeñado en que tenía que probarlo.
¿Por qué se empeña en galantear a Clea?, se
preguntó Néstor. Tal vez el tribuno estaba pensando en
aprovechar esa última noche para seducirla. ¡Qué gran
triunfo debía ser para él si conseguía acostarse con la
esposa de Alejandro!
Darse cuenta de que aquello le molestaba le irritó
aún más. Debería darle igual. Ni Clea era suya ni podía
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