Page 75 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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plata la silueta del hombre. Seguía desnudo, pero
llevaba su desnudez con tanta naturalidad y a la vez
con tanta distinción como la capa de púrpura que había
vestido durante el día.
Clea se levantó. Pensó en ponerse la túnica o al
menos echarse por encima el cobertor de la cama, pero
recordó que era una mujer casada que estaba con su
esposo, y además el frescor de la brisa que entraba por
la ventana era agradable. Se acercó despacio, se puso al
lado de él y se asomó. La luna había empezado a trepar
en el cielo y su sigma menguante se reflejaba en el mar.
—Vuelve a la cama. Aún es de noche —le dijo él.
Clea le acarició el pecho con la mano. Sus dedos
corretearon por su hombro y se entretuvieron en la
brida en forma de cruz que tenía bajo la clavícula.
Cuando se acostaron a la luz de las velas había visto
que tenía el cuerpo surcado de cicatrices, pero ésa era
la peor. Decían que aquella flecha que le atravesó el
pulmón le había tenido varios días con un pie en el
reino de Hades.
—¿Te duele?
—Cuando cambia el tiempo. —Él sonrió de medio
lado, pero no la miró. Su vista seguía perdida en el
este—. Como ahora. Pero en primavera es normal.
Clea se pegó a su cuerpo y le abrazó por el talle,
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