Page 177 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card
Claro que eso suponía la capacidad para comandar a
los rajos. Como Ender había observado, era probable que
ahora los rajos fueran salvajes, tan peligrosos para el
piloto como para los niños que estaban invadiendo la
nave. Quizás el piloto estuviera encerrado en alguna
parte, y considerase que Cincinnatus y su equipo eran sus
libertadores.
—Soy el gran dios Quetzalcóatl, y he regresado.
—¿Qué? —preguntó Carlotta.
—Jugaba a ser Cortés —repuso Cincinnatus—.
Lamento haber movido los labios.
—Me pareció que estabas subvocalizando —dijo
Carlotta—. Mi casco trató de traducir tus palabras y no
pudo. Solo entendió «soy el gran dios».
—Quetzalcóatl —intervino Ender—. La serpiente
emplumada, que regresa a su pueblo al cabo de una larga
ausencia.
—Con pulverizadores de sedante y escopetas de
munición blanda —añadió Cincinnatus—. Abre la puerta,
Carlotta, por favor.
La puerta se abrió.
No hubo movimientos.
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