Page 185 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 —O bien nos huelen o bien detectan nuestro calor —

          anunció—. Tenemos compañía. En ambas direcciones.


                 Al instante Ender se adhirió al «techo» y miró a lo


          largo  del  tubo;  tras  cerciorarse  de  que  Ender  hacía  su

          trabajo, Cincinnatus miró hacia el otro lado.


                 —Primero  usa  el  pulverizador,  En,  pero  no  seas


          tímido con la escopeta si no cejan. Lot, fíjate hacia dónde

          vamos desde aquí.


                 —¿Podemos desplazarnos en una u otra dirección? —


          preguntó Carlotta—. No veo ningún pasaje desde aquí.


                 —En mi dirección —dijo Cincinnatus—. En, quédate

          cerca;  Lot,  ¿puedes  sujetar  a  En  para  arrastrarlo?  No

          quiero que se abra ninguna brecha.


                 Sabía que Carlotta obedecería, enganchando un cable


          de  tres  metros,  de  su  cinturón  al  de  Ender.  No  tuvo

          tiempo para verificarlo, de todos modos, porque los rajos

          irrumpieron en tropel a través de los desechos, botando


          de la pared al piso y al techo, desperdigando un vendaval

          de huesos y conchillas, de alas y trozos de piel. Era como


          si varios tornados entrelazados subieran corredor arriba.


                 Corredor arriba. De inmediato Cincinnatus entendió

          cuán útil era la doctrina de Ender Wiggin, «la puerta del


          enemigo está abajo». Cayó de espaldas y apoyó los pies






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