Page 234 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 No  había  reina.  Solo  obreras  fórmicas:  todas

          agonizando. Todas muertas.


                 Los zánganos volaban en círculos, exploraban. Ender


          comprendió que todos ellos se enviaban imágenes. Era

          una  cacofonía  visual,  casi  ininteligible.  Pero  ellos  eran

          diestros para filtrarlas.



                 Ender entendió que el caos que había sentido antes se

          debía a que cada zángano enviaba su propia versión del

          mensaje y sus recuerdos a la mente de Ender al mismo


          tiempo.  Él  no  había  tenido  la  presencia de  ánimo  para

          rechazar  ninguna.  Ender  comprendió  que,  cuando  las


          cosas  empezaron  a  transcurrir  con  más  lentitud,  era

          porque habían designado a uno de ellos para hablar en

          nombre de todos. Ahora un solo zángano le proyectaba


          imágenes en la mente. Pero como había experimentado la

          busca  desesperada  de  una  nueva  reina,  mientras  cada

          zángano proyectaba imágenes en la mente de los demás,


          eso era lo que enviaba a Ender.


                 De nuevo Ender trató de detener la imagen, pero el

          zángano siguió adelante. Tuvo una sensación de pérdida,

          de  vacuidad.  No  era  solo  la  muerte  de  la  reina.  Los


          zánganos  tenían  imágenes  de  cada  parte  de  la  nave,  y

          Ender reconoció muchas de ellas. Pero cada visión tenía


          un final abrupto; quedó momentáneamente ciego.





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