Page 235 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card
Comprendió lo que decían en su lenguaje visual. Los
zánganos habían participado en la conexión de la reina
con todas las obreras fórmicas. Eran las mentes más
entrelazadas con la de ella, y la reina compartía todo con
los zánganos.
Entendían la nave. Estaban habituados a observar
cualquier parte de la nave en todo momento. Cuando ella
muriese, podrían seguir en contacto con las obreras. Pero
estas murieron con la reina. Lo único que les quedaba a
los zánganos era la visión de los demás, y como todos
estaban en la misma sala, todos veían lo mismo. La reina
muerta. Rajos arreando a las babosas rampa arriba.
Obreras muertas.
Fueron a una puerta. Nunca habían abierto una con
sus propias patas. Pero todos tenían el recuerdo de estar
dentro de la mente de una obrera cuando ella abría la
puerta. Sabían dónde estaba la palanca y lo que se sentía
al moverla. Solo que era dura. La mano del zángano
patinó dos veces sobre la palanca, y para Ender, como en
una pesadilla, fue como si hubiera patinado su propia
mano.
Pero al fin abrieron la puerta y salieron. Uno de ellos
se detuvo para cerrar. Ender fue ese zángano por un
instante; luego fue otro.
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