Page 236 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 Todos tenían el mismo destino: el timón. Ender sabía

          cómo percibían ese lugar. Era el trabajo más vital de toda


          la colonia. Al margen de lo que hiciera la reina en cada

          momento, algún zángano siempre miraba por los ojos de

          la  obrera  que  estaba  sentada  al  timón,  observando  sus


          decisiones,  sus  actos.  Siempre  había  un  zángano  que

          participaba en la conducción de la nave, en la salud de la

          nave.



                 Ender reparó en algo y tiritó. Así como los zánganos

          tenían su mente autónoma, independiente de la mente de

          la  reina  aunque  estuvieran  estrechamente  ligados,  la


          obrera fórmica de los controles también tenía su mente

          autónoma, su propia voluntad. Ella pilotaba la nave. La


          Reina Colmena había impartido una orden (una imagen

          de lo que quería) pero la obrera realizaba la tarea por su

          cuenta. Entendía la tarea. Los zánganos no la controlaban;


          estaban  dentro  de  su  mente  y  observaban,  y  a  veces

          hacían sugerencias, pero era ella quien lo hacía.


                 Las obreras fórmicas no eran meras extensiones de la

          mente de la reina. La potente mente de la reina prevalecía,


          y no tenían más opción que obedecer. Y cuando la Reina

          Colmena no prestaba atención a la piloto fórmica, algún

          zángano vigilaba.



                 ¿Por qué? Porque la Reina Colmena lo deseaba.





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