Page 277 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 Si eso resultaba ser cierto, Bean hallaría el modo de

          enviarle  el  mensaje  a  Ender,  aunque  no  le  revelara  la


          identidad del remitente.


                 Al fin llegó el momento de emprender el viaje.


                 Le  había  costado  bastante  entrar  caminando  en  la

          Heródoto cuando llevó a los bebés a bordo y dejó a Petra


          y  los  demás  hijos,  pues  sus  hijos  normales  aún  eran

          chiquillos que estaban aprendiendo a hablar y gatear. No

          le  había  importado  mucho  la  inutilidad  de  las


          ampliaciones que se habían intentado. Sabía que la mesa

          más alta y la silla más grande pronto dejarían de servirle.


          No pensaba fabricar otras. Sabía desde el comienzo que

          terminaría tendido de espaldas o de costado en la bodega,

          con la menor gravedad posible.


                 Pero  había  entrado  caminando.  Ahora  Carlotta


          redujo la gravedad a cero y activó el gravitador que había

          improvisado en el Sabueso. Lo alzó muy despacio. Ella y

          Cincinnatus  se  elevaron  con  él,  haciéndolo  rotar


          lentamente en el aire, y cuando llegó al piso acolchado del

          Sabueso, se posó suavemente.


                 Bean estaba aterrado. En un tiempo la falta de peso le


          resultaba casi normal, pero con este tamaño, la sensación

          de caída que venía con la ingravidez (era como bajar por

          una montaña rusa, pero una y otra vez) no era una mera





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